miércoles, 2 de enero de 2013

ACTO III

ACTO III

Abuela. (Rezungando desde la cocina):  Todos los días el litigio del plato de BE de NO-DO delante de la película  de del abuelo. ¡Va la comida!. Deja de contarle tonterías de tu pueblo a los niños.
 (Los tres intimidados por los aires de testosterona y de estrógenos que soplan desde la cocina. Guardan  silencio   mientras vuelven a colocar los platos tal y como estaban al principo).
A. Sorteamos los sitios para sentarnos y nos aguantamos con el que nos toque a cada uno. Porque somos tolerantes. Y de premio dos aceitunas para cada uno.
C. y J. : Vale.
A. Yo escribo en este papel  un número que puede ser el 1, el 2 ó el 3.Decir números del 1 al 3  y el que acierte elige el plato.
J. :  No. Que elija hoy plato C. y mañana yo.
C. : Vale. Yo si soy tolerante.
A.: Amén. A por los espaguetis.
    
       FIN.
P.D.
  Después de esta historia inspirada en una escena de la vida diaria, espero los efectos curativos.  ¿Mira que como el médico tenga razón y comunicar historias sea la buena botica?

 No me extiendo en contar películas de aquellos tiempos en los que todos comiamos de la misma fuente y no había conflictos con los platos, porque no nos correspondía ningún plato, pero viviamos con otros problemas o contrariedades. Es la vida.

“BOB ESPONJA, EL PODER DE UNA ACEITUNA RELLENA Y LA TOLERANCIA” . ACTO II

ACTO    II.

C.   (Sin dejar el gimoteo): Si pero ese es mi sitio y a mi me toca el plato BE.
J. (También enfadado): Tu no tienes sitio y el plato es mio. Yo me siento aquí y se acabó.(J. Aparta a C. que se queda llorando y se sienta).
A. Eso, J., no es ser tolerante. No pasa nada porque C. use un día el plato de BE. Deja a C. en este sitio y, tú come hoy allí, donde el plato de los ositos.
(J. se levanta con el Plato de BE y se dirige al otro lado de la mesa).
 J. : Yo no le dejo el plato a C. porque siempre se quiere quedar con todo. El otro día no me dejó ver el partido porque a ella no le gusta el fútbol.
C. : Tu y papá veis todos los partidos y yo no veo los dibu nunca. Ahora el plato de BE está en mi sitio y me toca.
J. : Pues lo tengo yo. Y voy a comer en este plato.
(C. Vuelve al llanto).
A. : Se te está subiendo la testosterona, J., Sigues intolerante. Y tú, C., no llores  y ayúdame a solucionar este conflicto.
Escucha: si ponemos dos aceitunas rellenas en el plato de los ositos y una en el de BE, después los sorteamos y cada uno come en el plato que le toque.
J. : No. Yo quiero el de BE con una aceituna.
C. : Pues yo quiero el BE y las dos aceitunas. Porque J. se queda con el plato y va a la cocina y la abuela le da la otra aceituna.
A. : Vaya, C., se te ponen los estrógenos en la cabeza.
Sabéis lo que os digo a los dos, que yo también quiero otro plato que no sea el verde, quiero el blanco o, tambén, el  de BE. Recojo todos los platos y comomemos todos de la fuente, que era como se llamaba, cuando yo era niño, al plato grande que se ponía en el centro de la mesa  con la comida para todos.

“BOB ESPONJA, EL PODER DE UNA ACEITUNA RELLENA Y LA TOLERANCIA” .

TÍTULO:

  “BOB ESPONJA,  EL PODER DE UNA  ACEITUNA RELLENA Y LA TOLERANCIA” .

INTRODUCCIÓN.
  Hemos regresado de Gandía a Madrid para hospedar a los nietos en régimen de hotel a pensión completa durante los últimos días de junio porque los niños tienen vacaciones y sus padres trabajan.
El mes de julio empiezan lo que ahora llaman campamentos y todo vuelve a la rutina.
 
  Bob Esponja (BE) invadió el hogar de los abuelos a través de la prensa. El periódico regalaba un plato con el fondo decorado con el tal BE de los dibujos animados.
  Solo compramos un periódico, solo recibimos un plato. El conflicto por la adjudicación de BE se sirve todos los días antes que la comida.

  Las aceitunas rellenas son la debilidad de los nietos. Es de esperar que acompañando otro plato con una aceituna rellena sea tan atractivo para los niños como el de BE.

  El caso se presenta que ni pintiparado para cultivar el valor de la tolerancia piensa la mente deformada del abuelo.

  ACTO I
   (En el comedor los niños colaboran con el abuelo poniendo la mesa).
J (6a. 6m.) : Yo  pongo los platos.
C (4 a. 6 m.): Y yo también.
Abuelo (A).: Vale. J. Coloca el plato blanco para la abuela; C. el plato verde para el abuelo; y yo coloco el BE entre los dos platos de los abuelos y, el  plato de los ositos, también entre los platos de los abuelos, en frente de BE.

(J. se coloca corriendo en el asiento correspondiente al plato de BE, C. se coloca detrás de J.  cogiéndolo por la cintura intenta ocupar el sitio de J., forcejea, no consigue moverlo y gimotea ).
C.: Yo quiero el plato de BE y este sitio es  mio.
J. : El plato de BE es mio y si está en ese sitio yo me pongo ahí y tu te pones al otro lado con tu plato  que es el de los ositos.
A.: Haya paz. Hay que ser tolerantes y no disgustarse por las cosas sin importancia.

REGRESO


      Como diría mi tío Domingo; a mi edad, hasta la naturaleza se me vuelve en contra.
     Yo no tengo a mi médico por majara, pero hace méritos.
   Después de contarle, que el mal comportamiento de mi  naturaleza me trae frito (el corazón, los oídos, las cataratas, el estómago, la próstata,....); el fulano opina que es lo corriente, que debo contestar, estupendamente, a todo aquél que pregunte cómo me encuentro.
 El tío es sospechoso de no estar en sus cabales.
 Y por si fuera poco, remata la faena animándome a que comunique a mis amigos las cosas que me llamen la atención, sobre todo si las historias terminan bien: eso reconforta al que lo practica  más que la botica, sentencia en pareado.

     Algunos abuelos contamos historias de los nietos, no solo para babear, como dicen, si no por tratamiento médico.

  Perdona, aquí estoy con el tratamiento.
  De momento, alejo el aburrimiento.
  (La rima ha sido sin querer).