Como diría mi tío Domingo; a mi edad, hasta la naturaleza se me vuelve en contra.
Yo no tengo a mi médico por majara, pero hace méritos.
Después de contarle, que el mal comportamiento de mi naturaleza me trae frito (el corazón, los oídos, las cataratas, el estómago, la próstata,....); el fulano opina que es lo corriente, que debo contestar, estupendamente, a todo aquél que pregunte cómo me encuentro.
El tío es sospechoso de no estar en sus cabales.
Y por si fuera poco, remata la faena animándome a que comunique a mis amigos las cosas que me llamen la atención, sobre todo si las historias terminan bien: eso reconforta al que lo practica más que la botica, sentencia en pareado.
Algunos abuelos contamos historias de los nietos, no solo para babear, como dicen, si no por tratamiento médico.
Perdona, aquí estoy con el tratamiento.
De momento, alejo el aburrimiento.
(La rima ha sido sin querer).
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